El Carmelo El Viaje Continúa

Mensaje del Capítulo General
a la Familia Carmelita en el Mundo

"En santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días"
(Lc 1,75)


Queridos hermanos y hermanas de la Familia Carmelita.

La gracia del Espíritu Santo os asista. Saludamos a los hermanos y hermanas en el Carmelo en todo el mundo y queremos compartir con vosotros algunos frutos de estos días llenos de gracia del Capítulo General de la Primera Orden.

El Capítulo General del año 2001 ha tenido lugar en Sassone, Italia, del 4 al 21 de septiembre bajo el tema: "El Carmelo, el viaje continúa." Nos hemos detenido en un punto importante de nuestra historia y hemos considerado sucintamente el pasado, el viaje que el Carmelo ha recorrido. Hemos observado la vitalidad que nuestra Regla ha tenido a lo largo de la historia para inspirar, desafiar, animar y hacer surgir nuevas formas de vida. Hemos buscado a través de la Lectio divina un método para captar lo que Dios nos puede estar diciendo y ayuda en el seguimiento de su camino. Conscientes del punto al que hemos llegado encontramos muchas razones para la acción de gracias y la alegría. También pensamos en el viaje que nos queda por realizar. Planificar este viaje es difícil, porque no sabemos de que manera el Espíritu Santo continuará sorprendiéndonos. Somos una Orden antigua, si bien en algunos lugares es muy joven. La Orden es tan rica en formas de vida, que el Capítulo General no puede hacer recomendaciones específicas para todos los lugares y para los próximos años; la mejor aplicación del Capítulo debe hacerse a nivel local. Nuestra esperanza es continuar creciendo y tener el favor del Señor. El viaje continúa.

Nueva vida

El Capítulo General considera como una de sus mayores tareas evaluar, animar y edificar la Orden. Constatamos con gran alegría la difusión de la Orden en nuevos países. Desde el pasado Capítulo de 1995 se han observado nuevos signos de vida carmelita en países de África, Asia, Europa del Este, América Latina y Oceanía. Nos ha impresionado la generosidad y la visión de las antiguas Provincias de Europa, de América y de Australia que, con pocos recursos, han implantado el Carmelo en nuevos lugares. Anhelamos que vengan nuevas riquezas a la Orden de estas nuevas fundaciones, especialmente de países en vías de desarrollo ("Tercer Mundo").

Hemos percibido nuevas formas de vida comunitaria que surgen, a menudo, de una reflexión profunda y renovada de nuestra Regla y de los documentos post-conciliares de nuestra Orden. Hemos comprobado la existencia de nuevas formas de expresión carmelita "viviendo en medio del pueblo" pero siempre como una fraternidad contemplativa (Const. 15). Hemos captado la inspiración de nuevas formas de vida parroquial a través del redescubrimiento de los valores de la vida común vividos junto con los laicos, de genuinas opciones por los pobres, y de solidaridad con aquellos que tienen sus vidas rotas. Con estas nuevas formas de vida comunitaria, también encontramos nuevas formas de afrontar las necesidades de la Iglesia y del mundo. Si miramos a las nuevas comunidades y a las ya establecidas, comprobamos constantemente la necesidad de una formación inicial y permanente que dure toda la vida. También se nos ha planteado el reto de asumir las debilidades de la vida comunitaria y la necesidad de renovarla (Informe del Prior General al Capítulo 2001). En los últimos años se han redactado documentos de animación de la vida comunitaria pero tenemos que analizarlos más profundamente reflexionando sobre ellos en nuestra oración personal y con nuestros hermanos y hermanas.

La llamada a la paz

Nos hemos sentido profundamente consternados por los actos terroristas en los Estados Unidos de América el 11 de septiembre de 2001. ¿Cómo podemos responder a este profundo desprecio por las vidas humanas? Recurrimos a nuestra fe y a nuestra fuerza espiritual que nos ayuda a respetar la sacralidad de la vida humana y la primacía de Dios cuyo nombre e imagen no deben ser usados en otra cosa que no sea cumplir su voluntad. Esta tragedia, que muestra claramente la violencia de nuestro mundo nos invita a volver a lo que nuestras Constituciones dicen sobre la Justicia y la Paz (Const. Cap. 9). Debemos respetar el carácter sagrado de toda vida humana y sembrar semillas de nueva humanidad.

Estímulo

Mientras reflexionábamos sobre la Regla en nuestros documentos, hemos oído de nuevo la voz de San Pablo hablándonos a través del tiempo. Vimos su cuidado por las iglesias, su fidelidad al Señor Resucitado y su incomparable discernimiento por medio del Espíritu. Lo hemos visto continuamente construyendo y animando a las jóvenes comunidades como también animando a los hebreos que durante tanto tiempo habían servido a Yahvéh. Ofrecemos a la Orden una corta reflexión basada en la conclusión de la Primera Carta de Pablo a los Tesalonicenses, una carta que encontramos citada en la Regla. La nuestra también es una exhortación a la esperanza. Pablo escribe a una comunidad de cristianos que estaban viviendo situaciones no tan diferentes a las que vive la Orden hoy. Ellos vivían en un ambiente hostil; estaban desorientados; sin embargo, se mantuvieron constantes en la fe, esperanza y amor. Pablo concluye con una exhortación concreta que nos puede ayudar a reflexionar y a orar sobre las varias situaciones de nuestra Orden (cf. 1 Tes 5,12-24).

Una reflexión sobre Primera Tesalonicenses 5,12-24

"Os pedimos, hermanos, que tengáis en consideración a los que trabajan entre vosotros, os presiden en el Señor y os amonestan." (v. 12)

Nuestro legislador Alberto comienza nuestra Regla exigiendo que los eremitas tengan un Prior, al que le han de prometer obediencia. El Prior es el principio de estabilidad de la comunidad. Después de demostrarles a los eremitas el papel del Prior, Alberto vuelve a tratar sobre él al final de la Regla, exhortándoles a la obediencia y a que vean en él la persona y la autoridad de Cristo. Nuestro mundo está marcado por un excesivo individualismo y, con frecuencia, por una anarquía moral y espiritual. La autoridad como servicio y la obediencia son ciertamente valores contraculturales. En el Carmelo se nos exhorta a ver que en la comunidad tenemos auténtica libertad cristiana (cf. Gál 5,1.13), una libertad que no es una autonomía egoísta sino una verdadera perfección de nuestra humanidad. En los próximos años necesitamos volver a los valores de la autoridad cristiana que nos hemos comprometido a seguir. Necesitamos buscar formas de ejercer la autoridad que eviten todo autoritarismo o miedo, y que se dirijan hacia el amor y a la preocupación por las necesidades físicas, psicológicas y espirituales de los hermanos.

"Vivid en paz unos con otros." (v. 13)

Nuestra Regla nos exhorta varias veces a vivir de acuerdo con las formas que reflejan un consenso en la comunidad. Algunos historiadores sugieren que pudo haber ciertas divergencias en el Monte Carmelo y los hermanos eremitas recurrieron a Alberto que les mostró una forma de vivir en paz con estructuras mínimas pero fuertes bajo la guía de un Prior.

"Os exhortamos, asimismo, hermanos, a que amonestéis a los que viven indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos." (v. 14)

Aunque hay muchos signos de vida, encontramos en algunos lugares desánimo y serias dificultades para vivir la vida comunitaria. La comunidad de hermanos es también una comunidad de pecadores. Nuestra Regla prevé el frecuente estímulo y corrección fraterna. Esto también es un valor contracultural, por lo que muchas personas hoy prefieren vivir en una autonomía aislada y arrogante. La verdad, sin embargo, es que todos necesitamos tanto la corrección como el estímulo. Ambos los encontramos diariamente en la Palabra de Dios, pero hay también momentos en que una palabra de estímulo y de corrección debe ser pronunciada por un hermano. Mientras que en el pasado se ponía el acento en las estructuras, hoy nuestra llamada común a ser discípulos debe manifestar junto con la comunión los valores humanos, además de los valores originales de hospitalidad y acogida. Esta ayuda fraterna es una manera importante a través de la cual buscamos hacernos el bien unos a otros y a todos.

"Estad siempre alegres. Orad constantemente. Porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús." (vv. 16-18)

Mientras el Carmelo continúa su viaje, estas exhortaciones de Pablo adquieren una particular urgencia. Por una parte, debería ser fácil seguir regocijándonos y dando gracias, porque estamos rodeados de tantas gracias, y por otra, el Carmelo no puede cesar en la oración: somos una comunidad contemplativa centrada en la Palabra y en la Eucaristía (Regla 10 y 14). Las situaciones serias de nuestro mundo contemporáneo no sólo llaman a la conversión, la oración y la intercesión, sino que nuestra propia respuesta debe estar condicionada y mediatizada a través de ella. Nuestro espíritu profético nos exige que seamos guardianes de la casa de Israel (cf. Ez 3,17; Is 21,8.11), pero sólo a través del Espíritu nos será posible expresar la palabra profética (cf. 2 Pe 1,20-21). Nosotros, al igual que aquellos que nos han precedido, debemos mantenernos como comunidades proféticas en medio del pueblo.

"No apaguéis el Espíritu; no menospreciéis las profecías." (vv. 19-20)

El viento o el espíritu soplan donde quieren (cf. Jn 3,8); el Espíritu Santo regala dones a cada uno en la Iglesia (cf. 1 Cor 12,7; Vat. II, LG 12). Cada uno de nosotros tiene que reconocer y aceptar agradecidamente los carismas recibidos y usarlos para el bien de todos. Al mismo tiempo, tenemos que estar atentos a los carismas de cada uno de nuestros hermanos, de manera que les estimulemos a usarlos para la construcción de la comunidad (cf. 1 Cor 14,5; Vat. II, AA, 3; PO 9). La palabra del profeta es con frecuencia incómoda. Tenemos que mirar a la personalidad del profeta para poder captar el mensaje de Dios expresado en formas tan humanas.

"Examinadlo todo, y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal." (vv. 21-22)

La misma abundancia de los dones del Espíritu hace del discernimiento una tarea crucial. El discernimiento es a la vez un carisma y un arte sensible, ya que es muy fácil apagar el Espíritu. Siempre hay falsos profetas, o quienes distorsionan seriamente el mensaje original de Dios o lo deshumanizan. Nuestro mundo está marcado por el mal, a veces de una forma cruel, y otras más escondida y sutilmente. Nuestra voluntad de mantenernos lejos del mal conlleva el discernimiento, la visión profética y la oración constante.

"Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama y Él llevará todo a cumplimiento." (vv. 23-24)

En este maravilloso tiempo de gracia somos interpelados por el Dios fiel y por el Dios de la paz. Constantemente aguardamos la venida del Señor Jesús, no con ansiedad, sino con la esperanza de que ese Jesús, en cuyo obsequio vivimos (Regla 1), esté a la vez presente y viniendo.

Hacia el futuro

"El viaje continúa." Por tanto, miramos hacia el futuro. El Capítulo se hace eco del discurso del Prior General cuando dice:

"Estoy muy esperanzado en el futuro. No hay grandes divergencias en la Orden y hemos logrado enunciar claramente en nuestros documentos qué es nuestro carisma... Ciertamente hay desafíos que afrontar en el futuro... Creo que el mayor reto para nosotros es responder fielmente a la vocación a la que hemos sido llamados... Podemos ser carmelitas en y a través de toda clase de compromisos apostólicos. No hay dicotomía entre el servicio al que estamos llamados y la contemplación a la que también estamos llamados. Un serio reto para nosotros es integrar estos dos elementos esenciales de nuestro carisma, junto con el compromiso de la fraternidad en un estilo de vida sano y equilibrado."

Estas ideas están reflejadas en varias propuestas hechas por el Capítulo que no sólo están dirigidas a la Orden sino que requieren una seria consideración a nivel provincial y comunitario.

Conclusión

El Capítulo General se alegra por las obras que Dios está realizando en medio de tantos hermanos y hermanas nuestros. Ve este año mariano como un tiempo para mirar de nuevo a María, nuestra Madre, Patrona y Hermana. El Santo Padre en su mensaje al Capítulo puso ante nosotros la inspiración de Elías y de la Bienaventurada Virgen María. Refiriéndose a nuestro camino hacia la montaña santa que es Jesucristo nuestro Señor, ha escrito:

"El profeta Elías arde de celo por el Señor (cf. 1 Re 19, 10). Se pone en viaje hacia el monte Horeb y, aún cansado, continúa su camino hasta la llegada a la meta... Mirando su ejemplo los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo comprenden más profundamente que sólo el que se mantiene atento a escuchar a Dios y a interpretar los signos de los tiempos está en grado de encontrarse con Dios y reconocerlo en los acontecimientos cotidianos. Dios habla de tantos modos, incluso a través de realidades que pueden tal vez parecernos insignificantes."

El Santo Padre nos invita a contemplar la escena de la Visitación (cf. Lc 1, 39-56) en la que cada cristiano encuentra su modelo de vocación. Él nos ha dejado escrito:

"Que sea también así para vosotros, reunidos en asamblea capitular para imprimir a la Orden un renovado espíritu ascético y misionero. Con el ánimo lleno de alabanza al Señor por la contemplación de su misterio, avanzáis gozosos sobre los caminos de la caridad, abriéndos a la acogida fraterna para ser testimonios creíbles de amor misericordioso del Verbo de Dios hecho hombre para redimir al mundo."

Esta idea de "El viaje continúa" la encontramos también en nuestras Constituciones donde podemos leer:

"Todo cuanto deseamos e intentamos ser en la realidad de la hora presente lo vemos nosotros realizado en la vida del Profeta Elías y de la Santísima Virgen María. Ambos, en efecto, cada uno a su manera, "tuvieron el mismo espíritu (...) la misma formación, el mismo maestro: el Espíritu Santo." Mirando a María y a Elías, podemos con mayor facilidad comprender, interiorizar, vivir y anunciar la verdad que nos hace libres." (Const. n. 25)

Esperamos que este mensaje nos ayude a todos nosotros, miembros de la Familia Carmelita, a vivir en obediencia a Jesucristo (in obsequio Iesu Christi [Regla 1]). Y nos encomendamos a la protección de la Madre y Hermosura del Carmelo, nuestra Patrona y Hermana.

Los participantes al Capítulo General
21 de septiembre de 2001
Sassone (Roma)

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Ultima revisión: 21 septiembre 2001