Hilario Januszewski

Carmelita

"Fiel en lo poco, fiel en lo mucho…."

Carta de P. Joseph Chalmers
Prior General de los Carmelitas
con motivo de la beatificación
del P. Hilario Januszewski, O.Carm.
13 de junio de 1999


 

Queridos hermanos y hermanas en el Carmelo:

El Santo Padre Juan Pablo II, durante el próximo viaje apostólico a su tierra natal, Polonia, beatificará 108 mártires, todos ellos víctimas de la persecución nazi durante la segunda guerra mundial. Entre ellos se encuentra nuestro hermano, el P. Hilario Januszewski.

Dachau y los carmelitas

Este siglo XX que está llegando a su fin nos dejará - junto a grandes logros humanos, científicos, sociales y políticos - una serie de nombres macabros: Auschwitz, Hiroshima, Verdun, Rwanda…. en los que se concentra el horror, la barbarie y el desprecio por el ser humano. Dachau es uno de esos nombres. Fue el primer campo de concentración abierto por el nacional-socialismo, allá por marzo de 1933, en los terrenos de una antigua fábrica de armas y prácticamente el último en ser liberado, el 29 de abril de 1945. El nombre de esta noble villa bábara, cercana a Munich, famosa por su escuela de pintura del siglo XIX y por la hospitalidad de sus gentes, quedaba irremisiblemente ligado al Lager.

El 16 de julio de 1942 tuvo lugar en este campo una extraña y clandestina celebración de la festividad de la Virgen del Carmen. Varios carmelitas, de diversas procedencias, coincidían en el campo, en los barracones destinados a los clérigos y aquella mañana, al alba, antes de partir para los duros trabajos, se estrecharon las manos para celebrar con gozo, en medio de la dramática situación, que incluso allí podían ponerse sub tutela matris.

Entre ellos se encontraba el P. Tito Brandsma, carmelita holandés, periodista, profesor de la Universidad de Nimega (de la que fue Rector Magnificus), encarcelado por defender los derechos de la prensa católica frente a las fuerzas de dominación y por intentar salvar a un grupo de niños judíos. Fue beatificado por Juan Pablo II en noviembre de 1985. Junto a él, el hermano R. Tijhuis, que le acompañó durante los últimos días de su vida y que fue el testigo principal de estos dramáticos momentos.1

Se encontraba también el P. Albert Urbanski, carmelita polaco, quien escribiría unas entrañables cartas a la Curia General en Roma, apenas liberado el campo en mayo de 1945, en las que relata la experiencia vivida a lo largo de años de privación de libertad y de los derechos más básicos, y de forma ejemplar se pone desde el primer momento al servicio de la Orden.2 Urbanski escribiría además uno de los primeros testimonios sobre el campo y la vida de los sacerdotes en el mismo.3 Al acabar la Guerra desarrolló una gran labor en diversos puestos de responsabilidad (fue provincial de 1964 a 1967), así como en campo de los temas "josefinos" y mariológicos. De hecho fue el primer presidente del Studium Josephologiae Calissiae (dependiente del Studium Mariologiae polaco).4

Asimismo pasaron por aquel campo otros carmelitas polacos, algunos de los cuales sobrevivirían al infierno de Dachau, aunque casi todos saldrían de allí con duras huellas físicas y psíquicas. Algunos de ellos, por el contrario, dejaron su vida allí, como el P. Leon Michail Koza, quien murió en la vigilia del día de la Ascensión de 1942 a causa del agotamiento por el durísimo trabajo en el campo;5 el P. Szymon Buszta, fallecido pocas semanas después del P. Koza, también exhausto y agotado física y psicológicamente6 y el P. Bruno Makowski.7 A ellos habría que añadir a G. Kowalski, muerto en Auschwitz en noviembre de 1940, cuando esperaban ser trasladados hacia Dachau.8

Entre ellos se encontraba también el P. Hilario Januszewski que será próximamente beatificado por S.S. Juan Pablo II. Es el segundo carmelita de nuestro siglo que va a ser beatificado y ello supone un motivo de gozo profundo para toda la gran familia carmelita.

El P. Hilario Januszewski

El P. Januszewski nació el 11 de Junio de 1907 en Krajenki. Su nombre de pila fue Pawel y fue educado cristianamente por sus padres Martín y Marianne. Tras asistir al colegio de Greblin (donde la familia residía desde 1915), continuó sus estudios en el Instituto (Gimnasium) de Suchary, que tuvo que abandonar más tarde por los problemas económicos de su familia. Tras pasar por otros centros educativos, se traslada a Cracovia, donde hizo una serie de cursos (incluso por correspondencia) y donde entró en la Orden Carmelita en septiembre de 1927. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Hilario. Tras hacer su noviciado, profesó el 30 de diciembre de 1928 y se trasladó a Cracovia para hacer sus estudios sacerdotales. Al final de sus estudios fue enviado a Roma a profundizar en su formación teológica en el Colegio Internacional de San Alberto, donde convivían carmelitas de todo el mundo que veían con preocupación como la situación europea se complicaba día a día y alcanzaba cotas insospechadas de tensión. Allí, el joven P. Hilario se mostró como un hombre prudente y silencioso, amante del estudio, en el que se intuía una profunda vida interior y una vivencia espiritual bastante rica, como más tarde señalarían algunos de sus compañeros, entre ellos el que sería Prior General, P. Kilian Healy.9 Fue ordenado el 15 de julio de 1934. En Roma pudo conocer a una generación de carmelitas que marcarían la historia de la Orden en este siglo: B. Xiberta, J. de la Cruz Brenninger, E. Esteve, A. Grammatico, E. Driessen.

Nada más regresar a Polonia fue nombrado profesor de Teología Dogmática y de Historia de la Iglesia en el estudiantado de la provincia polaca en Cracovia. En 1939 fue nombrado prior de esa comunidad por el provincial, P. Eliseo Sánchez Paredes, uno de los carmelitas españoles que habían sido enviados a Polonia para ayudar a la restauración de esta provincia.

Pero la II Guerra Mundial iba a cortar todas las ilusiones y proyectos del joven prior. El día 1 de septiembre de 1939, tras varios meses de tensión internacional a gran escala, Alemania declara la guerra a Polonia. Era el comienzo de un mes terrible en la reciente historia de Polonia. Veinte días más tarde, son las tropas soviéticas las que inician el ataque desde el Este. El débil ejército polaco se rinde en ambos frentes a finales de ese mismo mes. Polonia resultaba una vez más humillada y dividida. Deportaciones en masa, destrucción, aniquilación de comunidades judías... El clero polaco no se escapó de esta persecución. Un año después de la invasión el poder invasor decretó el arresto de numerosos religiosos y sacerdotes. El Carmelo de Cracovia fue especialmente castigado: el 18 de Septiembre eran arrestados A. Urbanski, A. Wszelaki, M. Nowakowski, P. Majcher. Pronto les seguiría el prior de la comunidad H. Januszewski, quien se ofreció en intercambio por el P. Konoba, de más edad y enfermo. Era la primera vez que el P. Januszewski se adelantaba heroicamente sin medir las consecuencias de su acción, movido solamente por su conciencia y por sus valores cristianos y religiosos, por lo que él consideraba su obligación como superior de una comunidad carmelita. Y las consecuencias fueron graves, ya que fue detenido y, tras pasar por la prisión de Montelupi en Cracovia y por varios campos, acabó recluido en el Lager de Dachau

Con el duro invierno de 1945 comienzan a llegar las noticias de la debilidad del ejército alemán, de una posible retirada e incluso de una posible liberación. La vida en el campo se había hecho insoportable. A las condiciones normales había que añadir las continuas amenazas de bombardeos, las reducciones en la alimentación, el nerviosismo de los kapos, que intensificaban las palizas y los métodos represivos, etc.

El barracón 25 estaba siendo utilizado para agrupar inhumanamente a todos los enfermos de tifus del campo, que cada vez eran más numerosos. Las autoridades del campo ofrecieron a los sacerdotes polacos la posibilidad de poner en práctica sus "teorías" sobre la caridad cristiana y atender a los enfermos de tifus. La liberación era ya inminente y el riesgo de muerte en el maldito barracón 25 era muy alto. Sin embargo aquel callado carmelita no dudó en ofrecerse como uno de los primeros voluntarios.

El testimonio de las palabras dirigidas a su amigo el P. Bernard Czaplinski (que más tarde sería Obispo de Chelm), poco antes de encaminarse hacia aquel barracón, resulta aún hoy impresionante: Tú sabes que no saldré vivo de allí. 10

Efectivamente, el P. Januszewski nunca saldría vivo de Dachau. Tras 21 días de servicio ejemplar a los enfermos, muere contagiado de tifus. El barracón 25 se había convertido en un macabro ataúd, en el que los americanos, que liberarían el lager pocos días más tarde, encontrarían tan sólo cientos de cadáveres hacinados.

Su testimonio para nosotros hoy

La beatificación del P. Januszewski es un motivo de alegría para todos los carmelitas. Un hermano nuestro ha sido considerado por la Iglesia como intercesor y como ejemplo, como un testimonio válido para la Iglesia universal. Por ello, nosotros carmelitas, debemos no solamente sentir ese gozo y celebrarlo de diversas maneras, sino también reflexionar y profundizar en el testimonio del P. Januszewski para encontrar en su ejemplo claves para nuestra propia vida hoy.

De hecho, el P. A. Urbanski, hermano de provincia y compañero de infortunio, en unas hermosas cartas mandadas a la Curia General de Roma desde el mismo campo, cuando se encontraba en el período impuesto de cuarentena tras la liberación, interpreta así su muerte: Proh dolor R.P. Hilarius Januszewski, die 26.3.45., uno Mense ante liberationem, tanquam victima zelus sacerdotalis erga infectuose infirmos, mortuus est.12
 
El ejemplo del P. Januszewski nos recuerda que el carmelita está llamado a ser testigo de la vida en medio de una "cultura de la muerte" que se manifiesta de muchos modos y maneras y no sólo en aquellas zonas del mundo en las que esa "cultura de la muerte" se hace más patente, sino también en aquellas otras en las que su presencia es más sutil. Más aún, ante la tentación de la "utilidad", de valorar a los seres humanos por lo que producen (y de eliminar a los que no son ya útiles y se vuelven incómodos), el P. Januszewski hace una opción radical por los moribundos, por los inútiles, por los que aparentemente no tienen ya nada que ofrecer. Con ello proclama y testimonia el valor sagrado de la vida humana, por sí misma y en sí misma. Ese testimonio alcanza en el caso del P. Januszewski su sentido más radical, el testimonio hasta la donación de la propia vida.
 
La vida de oración intensa nos hace más humanos y más solidarios, nos da la intuición y la sensibilidad necesarias para descubrir la presencia misteriosa del Señor en los más débiles, en medio de las tensiones y contradicciones de la existencia. Como Juan en la barca en el lago de Galilea, entre las tinieblas de la noche que se va y la luz del alba, el carmelita está llamado a proclamar, humilde pero firmemente: "Es el Señor" (Jn 21,7). El beato Tito Brandsma, tres años antes, terminaba un escrito que le había sido solicitado en su interrogatorio sobre la oposición de los católicos holandeses al nacional-socialismo con las siguientes palabras: "¡Dios salve a Holanda! ¡Dios salve a Alemania! Ojalá Dios conceda a estos dos pueblos volver a caminar en paz y en libertad y reconocer su Gloria"
 
Que el ejemplo y la intercesión de estos dos beatos carmelitas nos ayuden a entrar en el siglo XXI con un verdadero talante de servicio, de paz y de justicia que nazcan del encuentro auténtico e intenso con el Señor Resucitado.
 

Roma, 19 de marzo de 1999
Solemnidad de San José
P. Joseph Chalmers, O.Carm.
Prior General
 



Notas

1 R. TIJHUIS, Met Pater Titus Brandsma in Dachau: Carmelrozen 31-32 (1945/46) 18-21, 53-58, 80-85. Se puede consultar la traducción inglesa en: Dachau Eye-witness, en: AA.VV., Essays on Titus Brandsma [R. Valabek, ed.] (Rome 1985) 58-67.
2 F. MILLÁN ROMERAL, Carmelitas en Dachau: las cartas del P. A. Urbanski, desde el lager, en el 50 aniversario de la liberación: Carmelus 42 (1995) 22-43.
3 A. URBANSKI, Duchowni w Dachau (Kraków 1945).
4 Cf. JUAN BOSCO DE JESÚS, Dos figuras de la Josefología en Polonia recientemente desaparecidas: PP. Alberto Urbanski, O. Carm. (1911-1985) y Estanislao Ruminski (1929-1984): Estudios Josefinos 40 (1986) 91-98.
5 Cf. Necrologia: Analecta O.Carm. 11 (1940-1942) 219; A. URBANSKI, Duchowni w Dachau, 61-66.
6 Cf. Necrologia: Analecta O.Carm. 12 (1943-1945) 230; A. URBANSKI, Duchowni w Dachau, 65-66.
7 Cf. Necrologia: Analecta O.Carm. 12 (1942-1945) 230; A. URBANSKI, Duchowni w Dachau, 61-66.
8 Pueden verse sus fotografías en el estupendo album fotográfico publicado recientemente por la Provincia Carmelita de Polonia: R. RÓG, Duch, Historia, Kultura (Kraków 1997) 68-69.
9 K. HEALY, Prophet of fire (Rome 1990) 181-184 (existen ediciones italiana y española).
10 En el mismo sentido véase el testimonio de: F. KORSZYNSKI, Un vescovo polacco a Dachau (Brescia 1963) 125. Se trata de la traducción italiana (prologada por el entonces Cardenal Montini) de Jasne promienie w Dachau (Poznan 1957).
11 Cf. K. HEALY, Prophet of fire (Rome 1990) 181-184.
12 F. MILLÁN ROMERAL, Carmelitas en Dachau: las cartas del P. A. Urbanski, desde el lager, en el 50 aniversario de la liberación: Carmelus 42 (1995) 37. En otra carta, escrita en alemán insiste en ello: "Als Opfer zelus sacerdotalis ist er gestorben"(ibid. 42).
13 Cf. R. VALABEK, Greater love than This... Father Hilary Januszewski, O. Carm: Carmel in the World 30 (1991) 209-216.
 
 


image image image image